Cuando Estados Unidos amenazó con imponer aranceles a los países que venden petróleo a Cuba, la nación insular caribeña se enfrentó a un grave shock energético. Pero en lugar de tambalearse por completo, Cuba eligió otro camino: acelerar el desarrollo de la energía solar con el fuerte apoyo de China.
El decreto del 29 de enero de Trump establece un mecanismo de impuestos adicionales a las importaciones a Estados Unidos de cualquier país que venda petróleo a Cuba. Esta medida es vista por muchos expertos como un "embargo real".
Las consecuencias son evidentes: los precios de los alimentos y el transporte en Cuba se disparan, la gasolina se distribuye a pequeña escala a través de aplicaciones y el mercado negro está activo con precios muchas veces más altos que los oficiales.
La crisis eléctrica se ha vuelto grave. En muchas áreas, especialmente en el este más pobre, los cortes de energía duran hasta 24 horas. Las luces de la calle están apagadas por la noche, el turismo, que alguna vez fue un pilar económico, se ha debilitado. La aviación tiene dificultades para repostar combustible, los autobuses de pasajeros están estacionados, muchos hoteles tienen que cerrar.
El impacto en cadena se extiende en un contexto en el que Cuba todavía está superando los graves daños causados por la tormenta Melissa a finales del año pasado, que afectó a millones de personas.
Sin embargo, mientras el suministro de petróleo se estrangula, China ha surgido como un "salvavidas" para la energía limpia. El acuerdo firmado a finales de 2024 entre los dos países allana el camino para construir 7 parques de energía solar con una capacidad total de 35MW.

Un plan a largo plazo mucho más ambicioso: Para 2028, Cuba espera tener 92 nuevos parques, elevando la capacidad total a aproximadamente 2 GW.
Datos de la organización de investigación Ember muestran que, en solo 1 año, las importaciones de paneles solares de China a Cuba aumentaron 34 veces, la tasa más rápida del mundo. En octubre de 2025, se completaron 35 parques solares, alcanzando una capacidad máxima de alrededor de 750MW. El objetivo de La Habana es que para 2035, el 26% de la demanda nacional de electricidad provenga de fuentes renovables, en comparación con el 5% actual.
Sin embargo, el camino de la transición no es nada fácil. Los expertos estiman que Cuba necesita entre 8 y 10 mil millones de dólares en la próxima década para hacer realidad la estrategia verde. Esta es una cantidad de dinero que excede la capacidad financiera de la economía agotada.
Otro problema es que la energía solar solo se genera durante el día, mientras que el pico de consumo cae por la noche. Eso requiere un sistema de almacenamiento de baterías a gran escala, la parte más costosa de un proyecto de energía renovable.
Y una vez más, China sigue desempeñando un papel clave. Según EU News, Cuba está importando baterías de almacenamiento de Beijing a una velocidad "vertiginosa", para resolver el problema de la escasez de energía en las horas pico.
En medio del torbellino de las sanciones y la crisis, la elección de La Habana muestra una nueva realidad: cuando el petróleo se restringe, la energía solar puede convertirse en un camino de supervivencia, y también en un nuevo puente geopolítico entre el Caribe y Asia.