En las soleadas calles de La Habana, una imagen que parecía haber quedado en la memoria está regresando: bicicletas viejas rodando densamente entre la multitud. No por el movimiento de vida verde, sino por la creciente escasez de combustible a medida que el suministro de petróleo a Cuba se restringe.
Durante muchos años, Venezuela ha sido el principal proveedor de petróleo crudo y combustible para Cuba. Pero después de que Estados Unidos controlara las exportaciones de petróleo de Caracas y arrestara al presidente Nicolás Maduro en enero, el flujo de energía a la isla caribeña quedó casi paralizado.
Los petroleros de México, que son una fuente importante de suministro, también se detuvieron después de que Washington amenazara con imponer aranceles a los países que suministran petróleo a La Habana.
Como resultado, en la capital, La Habana, la gente comenzó a buscar bicicletas viejas guardadas en los almacenes, a echar aceite en las cadenas e incluso a aprender a andar en bicicleta por primera vez en la vida.
Gabriela Barbon, de 23 años, es una de ellas. Los costos de viaje en coche se han triplicado, lo que la llevó a decidir asistir a una clase de ciclismo organizada por la organización local Citykleta en el parque.
Andar en bicicleta ya no es un pasatiempo, sino algo obligatorio", dijo. La campaña "Learn to Pedal" (Aprender a andar en bicicleta) inicialmente tenía previsto atraer a unas 100 personas, pero en realidad el número de registros fue casi 4 veces mayor.
No solo los principiantes, muchos residentes que habían abandonado las bicicletas ahora también han vuelto. Yoandris Herrera una vez guardó una bicicleta comprada en China debajo de su cama durante casi 1 año para cambiar a una motocicleta. Pero cuando los precios del combustible se dispararon, retiró la bicicleta, la ensambró y la usó para ir a trabajar, llevar a sus hijos a la escuela. "Con los precios actuales de la gasolina, andar en bicicleta es mucho más práctico", dijo.

La fiebre de las bicicletas también arrastró una ola de trabajo para los mecánicos de bicicletas. En una acera de La Habana, Pedro Carrillo ajustó meticulosamente cada radio de las ruedas entre los neumáticos que cubrían la pared. Sin embargo, esta misma explosión creó una nueva escasez: las piezas de repuesto son cada vez más difíciles de encontrar. "Hay cosas que no puedo encontrar en ningún sitio", admitió.
Además de las bicicletas, algunos habitantes de La Habana también recurren a los coches eléctricos e instalan paneles solares en los tejados, tratando de reducir la dependencia de las redes eléctricas intermitentes. Pero para la mayoría, la bicicleta simple sigue siendo la solución más accesible.
Y en medio de la crisis de combustible, la imagen de la gente de La Habana montando en bicicleta bajo el sol de la tarde se convierte en un símbolo de adaptación, silenciosa pero persistente, de una sociedad obligada a luchar para sobrevivir.