TASS informa que el nuevo gobierno en Hungría llevará a cabo una revisión exhaustiva de los contratos para la construcción de la central nuclear de Paks II diseñada por la corporación rusa de energía nuclear Rosatom, después de que se considerara que el costo del proyecto había aumentado demasiado en comparación con el costo inicial.
El líder del partido Tisza, Peter Magyar, el próximo primer ministro de Hungría, dijo que consideraría "todas las regulaciones secretas del gobierno, todos los contratos y decisiones financieras" relacionadas con el proyecto.
Según el Sr. Magyar, uno de los mayores problemas es que la inversión total de Paks II ha aumentado de unos 12.000 millones de euros a 24.000 millones de euros. Enfatizó que el proyecto sigue desempeñando un papel importante en la seguridad energética de Hungría, pero es necesario aclarar los términos financieros, incluida la posibilidad de reestructurar el préstamo o refinanciarlo con condiciones más favorables.
El líder del partido de Tisza también criticó el progreso de la implementación del Pacto II en los últimos años como "extremadamente lento".

El proyecto Paks II se implementó en virtud del acuerdo intergubernamental ruso-húngaro firmado en 2014, en el que Rusia se comprometió a financiar la mayor parte del capital a través de un préstamo que representa alrededor del 80% de la inversión inicial total. Se espera que la planta construya 2 unidades con reactores VVER-1200 y entre en funcionamiento a principios de la década de 2030.
Mientras tanto, el primer ministro saliente Viktor Orbán admitió después de las elecciones que "lamentaba" que el gobierno no pudiera impulsar el proyecto a tiempo, aunque lo consideraba el pilar del sistema energético nacional.
En respuesta, el jefe del grupo energético nuclear ruso Rosatom, Alexey Likhachev, dijo que el grupo está dispuesto a dialogar con la parte húngara y que, si es necesario, demostrará la eficacia y el precio del proyecto.
La apertura por parte de Hungría de la revisión de Paks II se produce en un contexto en el que Europa es cada vez más sensible a los proyectos energéticos con elementos rusos. Si las condiciones financieras se ajustan o el proyecto se retrasa aún más, esto podría convertirse en una gran prueba para la cooperación energética bilateral entre Budapest y Moscú en los próximos años.