En una llamativa declaración en la plataforma Truth Social el 4 de abril, el presidente estadounidense Donald Trump enfatizó que no queda mucho tiempo: a Irán solo le quedan 48 horas para llegar a un acuerdo o abrir Ormuz. De lo contrario, "todo se convertirá en un infierno".
Paralelamente, un alto funcionario de defensa israelí reveló que el país está preparando un plan para atacar las instalaciones energéticas de Irán y está esperando el "luz verde" de Estados Unidos. Si se aprueba, la operación podría tener lugar la próxima semana. Anteriormente, Trump había advertido que atacaría las centrales eléctricas de Irán si no se cumplía la solicitud de Washington.
En respuesta al ultimátum, Teherán advirtió que cualquier escalada convertiría toda la región en un "infierno" para Estados Unidos e Israel.
El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araqchi, dijo que su país no cierra la posibilidad de negociaciones, ni siquiera a través de intermediarios como Pakistán, pero enfatizó que la condición previa es poner fin a la "guerra ilegal" contra Irán.
La situación se tensó aún más a medida que el área alrededor de la central nuclear de Bushehr continuó siendo atacada. Teherán envió una carta a las Naciones Unidas, advirtiendo sobre el riesgo de graves fugas radiactivas, un escenario que podría causar un desastre no solo para Irán sino para todo Oriente Medio.
El foco de la confrontación actual es el Estrecho de Ormuz, una ruta marítima que transporta alrededor del 20% de la producción mundial de petróleo y gas licuado. Irán casi ha cerrado esta ruta, lo que ha puesto al mercado energético en estado de alerta.
La interrupción de Ormuz no solo provoca una crisis energética, sino que también amenaza la economía global, en un contexto en el que la cadena de suministro ya está bajo mucha presión. Los países del Golfo, aunque son aliados de Estados Unidos, siguen manteniendo una actitud cautelosa, sin participar directamente en la guerra por temor a que el conflicto se extienda.
Sobre el terreno, Irán lanzó continuamente misiles y aviones no tripulados contra Israel, al tiempo que expandía los objetivos a instalaciones relacionadas con Estados Unidos en la región. Los ataques dirigidos a radares estadounidenses, una fábrica de aluminio en los EAU y la sede militar estadounidense en Kuwait fueron declarados por Teherán como represalias.
Las fuerzas hutíes en Yemen, aliadas de Irán, también declararon su coordinación con las fuerzas pro-Teherán, incluida Hezbollah, para llevar a cabo ataques con misiles balísticos y UAV contra Israel.
En otro acontecimiento, Irán confirmó haber atacado un barco relacionado con Israel en Ormuz, provocando que el barco se incendiara.
Mientras tanto, Washington se enfrenta a la presión interna cuando la opinión pública estadounidense no apoya firmemente la guerra. La situación se vuelve aún más compleja cuando un piloto estadounidense del avión derribado sigue desaparecido en territorio iraní, lo que genera preocupación por una nueva crisis de rehenes.
A medida que el plazo de 48 horas se acerca, el mundo se enfrenta a un peligroso punto de inflexión: o se llega a un acuerdo a última hora, o Oriente Medio podría caer en una espiral de conflicto a gran escala con consecuencias impredecibles para todo el mundo.