El 14 de marzo, la empresa energética Naftogaz y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania celebraron un informe a los embajadores de 31 países sobre los daños del oleoducto Druzhba.
Esta ruta principal de transporte de petróleo ruso a Hungría y Eslovaquia ha dejado de funcionar desde finales de enero. Ucrania afirma que esta instalación fue destruida por Rusia, mientras que Hungría sospecha que Kiev está cortando deliberadamente el suministro para ejercer presión política.
En la reunión, Serhii Koretskyi, CEO de Naftogaz, presentó los materiales reales recogidos en el lugar del ataque del 27 de enero.
Afirmó que la reparación es un proceso técnico extremadamente complejo y peligroso, especialmente cuando los equipos técnicos tienen que trabajar bajo el fuego permanente de Rusia. El informe tiene como objetivo transparentar el estado de la infraestructura ante los rumores falsos.

El conflicto estalló aún más cuando una delegación húngara llegó a Kiev el 12 de marzo para llevar a cabo una "inspección independiente" sin el consentimiento del país anfitrión.
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, admitió más tarde que a su equipo se le prohibió acceder al lugar, pero aún declaró que la misión fue exitosa porque obligó a la parte ucraniana a celebrar esta audiencia pública.
Hungría ha acusado a Ucrania de aprovechar el incidente del gasoducto para extorsionar a Budapest. En respuesta, Hungría está bloqueando actualmente el paquete de sanciones número 20 de la UE dirigida a Rusia y un préstamo de ayuda financiera de 90 mil millones de euros (unos 107 mil millones de dólares) para Kiev.
Un representante de Naftogaz también reveló la escala de devastación de Rusia para la industria energética del país. Desde principios de 2026, ha habido más de 30 bombardeos dirigidos a instalaciones de petróleo y gas, especialmente en la madrugada del 14 de marzo, un ataque con misiles a gran escala se dirigió directamente a la región de Kiev.
Sin embargo, Rusia rechazó resueltamente estas acusaciones de Ucrania. El Kremlin afirmó que Moscú no tiene motivos para atacar el gasoducto que genera ingresos para sí mismo, y acusó a Kiev de organizar deliberadamente el incidente para extorsionar energía a los países europeos y movilizar más ayuda internacional.