El uso de té verde o extractos de catequina puede ayudar a mejorar algunos indicadores de enzimas hepáticas en pacientes con hígado graso no alcohólico (HBP).
Una fórmula sencilla, recomendada por muchos expertos en nutrición para aprovechar al máximo las catequinas y que siga siendo segura, incluye:
2-3 g de hojas de té verde secas (o 1 bolsa de té).
200-250 ml de agua caliente a unos 70-80°C.
Restringe durante 3-5 minutos para limitar la extracción excesiva de cafeína y taninos.
La temperatura del agua es un factor importante: si está demasiado caliente, la catequina puede cambiar, mientras que la baja temperatura ayuda a preservar los ingredientes activos y reducir el sabor astringente.
El hígado es vulnerable al proceso de oxidación cuando tiene que metabolizar alcohol, medicamentos o grasas excesivas. Se ha demostrado que el EGCG en el té verde tiene la capacidad de reducir la producción de moléculas inflamatorias, lo que ralentiza la progresión del daño hepático.
La catequina también ayuda a mejorar el metabolismo lipídico, reduciendo la acumulación de grasa en las células hepáticas, un factor clave en la prevención de la hígado graso.
Aunque el té verde se considera seguro, algunos estudios de seguridad muestran que pueden producirse casos raros de enzimas hepáticas elevadas cuando se usan dosis altas de extracto de té verde, especialmente en forma de suplementos.
Esto enfatiza la diferencia entre beber té verde tradicional y usar suplementos dietéticos que contienen EGCG en dosis altas. La mayoría de los casos de daño hepático registrados están relacionados con extractos concentrados, no té normal preparado.
Los expertos médicos enfatizan que el té verde solo es efectivo cuando se combina con un estilo de vida saludable: limitar el alcohol, mantener un peso saludable y una dieta baja en grasas saturadas.
En ese momento, los antioxidantes del té verde pueden ayudar a que el hígado se recupere y funcione de manera más eficaz.
El té verde contiene catequinas, especialmente EGCG, que pueden apoyar la función hepática a través de mecanismos antioxidantes, reducir la inflamación y mejorar el metabolismo de las grasas.
Cuando se usa correctamente: de 2 a 3 tazas al día, el té verde puede convertirse en parte de una dieta que ayuda a proteger el hígado, especialmente en personas con riesgo de hígado graso o que están en contacto frecuente con factores nocivos para el hígado.