En el proceso de crianza de los hijos, no pocos padres tienen la costumbre de aprovechar para "enseñar inmediatamente para recordar" cuando sus hijos cometen errores y lloran. Sin embargo, los psicólogos creen que este es el momento en que los niños tienen más dificultades para aceptar las enseñanzas.
Según un estudio de la American Psychological Association, cuando un niño está en un estado emocional fuerte como miedo, ira o agravio, el cerebro prioriza la respuesta emocional en lugar de recibir nueva información.
Cuando los niños lloran, las emociones superan a la razón.
Cuando lloran, los niños a menudo ya no tienen suficiente calma para entender correctamente lo que dicen sus padres. Regañar o analizar lo correcto y lo incorrecto en este momento no solo es ineficaz, sino que también hace que los niños se sientan heridos.
En lugar de memorizar las lecciones, los niños tienden a memorizar los sentimientos negativos.
Enseñar a los niños en el momento equivocado puede ser contraproducente.
Muchos padres piensan que ser estricto en el momento en que su hijo se equivoca es efectivo. Pero en realidad, esto puede asustar más a los niños que entender el problema.
Según expertos publicados en Psychology Today, enseñar cuando un niño está fuera de control emocional puede aumentar la resistencia o hacer que el niño se cierre.
Lo primero que necesitas es tranquilidad.
Cuando un niño llora, lo más importante no es la lección, sino la sensación de seguridad. Un abrazo, una palabra suave o un silencio a tu lado a veces son mucho más efectivos que una explicación larga.
Cuando las emociones se estabilizan, los niños pueden escuchar y comprender el problema.
Elegir el momento adecuado para enseñar a los niños
Después de que el niño se calme, los padres pueden hablar suavemente para ayudar al niño a entender lo que sucedió y cómo manejarlo mejor. Este es el momento en que al niño le resulta más fácil recibir y recordar las lecciones.
Criar a los hijos no es solo enseñar lo correcto, sino también enseñar en el momento adecuado. Cuando los padres saben esperar y comprender las emociones de sus hijos, la educación se volverá mucho más efectiva y fácil.