La cebolla no solo es un ingrediente secundario en los platos salteados, sino que también se considera un alimento beneficioso para controlar el azúcar en sangre, aunque a menudo se pasa por alto. La cebolla es rica en quercetina y compuestos de azufre, sustancias que pueden aumentar la sensibilidad a la insulina, lo que ayuda a reducir el azúcar en sangre en ayunas y reducir el índice HbA1c (glucemia media a largo plazo).
Comer cebollas con moderación cada día puede ayudar a ralentizar el proceso de transición de la prediabetes a la diabetes tipo 2.
La cebolla es de naturaleza cálida, picante, afecta a los pulmones y al estómago, tiene el efecto de calentar el sistema digestivo, ayudar a la circulación sanguínea y apoyar una mejor digestión. Gracias a esto, la cebolla es especialmente adecuada para personas que hacen poco ejercicio, comen mucho y son propensas a aumentar el azúcar en sangre, especialmente en la estación fría.
Sin embargo, los expertos recomiendan adoptar una dieta que se centre en la ingesta de alimentos, sin dar demasiada importancia a los alimentos. Las comidas diarias deben equilibrarse entre cereales integrales, verduras y proteínas de alta calidad, y al mismo tiempo ser bajas en aceite y sal, comer a tiempo y la cena debe ser ligera.
Por ejemplo, el desayuno puede ser un tazón de avena con huevo; el almuerzo es medio tazón de arroz integral con tofu estofado; la cena es más sencilla con gachas de cereales y un poco de cebolla salteada. Aunque la cebolla es buena para la salud, no puede considerarse un alimento que pueda reemplazar los medicamentos.
Es necesario entender que la diabetes es una enfermedad metabólica crónica, que progresa a largo plazo. El control de la enfermedad debe basarse en un enfoque integral, manteniendo cada día una dieta razonable, ejercicio regular, dormir lo suficiente y mantener un espíritu estable.