Los camarones de río y los camarones de mar tienen valores nutricionales casi equivalentes, solo difieren en algunos componentes menores. Los camarones de río suelen ser más ricos en grasas, colesterol, vitamina A, vitamina E, calcio y potasio. Mientras tanto, los camarones de mar contienen más niacina y selenio, y también tienen un alto contenido de sodio debido a que viven en un ambiente de agua salada.
Ya sean camarones de río o camarones de mar, ambos son ricos en proteínas, carne tierna, fácil de digerir y proporcionan muchos minerales importantes como calcio, magnesio, fósforo y hierro. En comparación con la carne de ave, los camarones tienen un contenido de grasa más bajo y son ricos en ácidos grasos insaturados, lo que ayuda a reducir el riesgo de trastornos lipídicos y enfermedades cardiovasculares.
Los camarones, aunque tienen un alto contenido de colesterol, son ricos en taurina, una sustancia que ayuda a reducir el colesterol en sangre. Además, los camarones también contienen astaxantina, un poderoso antioxidante, que tiene la capacidad de combatir el envejecimiento. Gracias a esto, los camarones se consideran alimentos nutritivos y se pueden procesar de diversas maneras, como hervidos, al vapor, salteados, estornidos o fritos.
En cuanto a los métodos de cocción, hervir y cocer al vapor son dos formas de ayudar a retener la mayor cantidad de nutrientes. Hervir puede hacer que se pierda una parte de las vitaminas y minerales solubles en agua, mientras que cocinar al vapor con poca exposición al agua limita la pérdida de nutrientes. Por lo tanto, se debe priorizar la cocción al vapor o al vapor y limitar el fritura para preservar el valor nutricional, así como la frescura de los camarones.