El 18 de abril, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió oficialmente una nueva licencia que permite continuar con las actividades de compraventa, entrega y descarga de petróleo crudo y productos petrolíferos procedentes de Rusia durante un mes más.
Según un anuncio de la Oficina de Control de Activos Extranjeros, la licencia estará vigente hasta el 16 de mayo. La condición de aplicación es que los lotes de petróleo deben ser cargados en el barco antes de las 0:01 del 17 de abril (hora del este de Estados Unidos).
La nueva regulación permite que las transacciones relacionadas con la venta, entrega o descarga de mercancías continúen realizándose durante el período de transición. El alcance de la aplicación incluye todos los buques de transporte involucrados, incluidos aquellos que están en la lista de bloqueados o sujetos a sanciones estadounidenses.
Se considera que esta medida tiene como objetivo resolver la cantidad de petróleo ruso que todavía está en camino de ser transportado o anclado en alta mar. Si estos envíos no se permiten atracar y completar la transacción, el mercado energético internacional podría enfrentarse al riesgo de escasez de suministro a corto plazo.
La prórroga de 30 días también ayuda a las empresas de transporte, los importadores y las unidades de entrega a tener más tiempo para completar los trámites de descarga, pago y entrega de los lotes de petróleo que han abandonado el puerto antes de que la orden de endurecimiento entre en vigor.
Sin embargo, la licencia no se aplica a las transacciones relacionadas con Crimea, Donetsk y Lugansk. Además, las actividades relacionadas con Irán, Cuba y Corea del Norte tampoco están exentas.
La nueva licencia reemplaza por completo el documento similar emitido el 19 de marzo y expira el 11 de abril.
Anteriormente, el 15 de abril, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, había declarado que Washington no tenía planes de extender las excepciones para el petróleo ruso e iraní que se transportaba en el mar.
Sin embargo, la nueva decisión muestra que Estados Unidos todavía prioriza evitar causar demasiados choques de suministro al mercado energético en un contexto en el que la demanda mundial de petróleo sigue siendo alta.