El 18 de marzo, el conflicto en Oriente Medio entró en una nueva fase peligrosa cuando Irán expandió sus ataques contra la infraestructura energética en todo el Golfo Pérsico, después de que el campo de gas estratégico Pars del país fuera golpeado. La reacción de "ojo por ojo" está causando fuertes temblores en el mercado mundial del petróleo y el gas.
En Qatar, el parque industrial energético Ras Laffan, el principal centro mundial de exportación de gas natural licuado (GNL), fue alcanzado por un misil, causando graves daños, según la confirmación del grupo QatarEnergy.
En Arabia Saudita, el sistema de defensa aérea interceptó 4 misiles balísticos dirigidos a Riad y evitó un ataque con UAV contra la instalación de gas del este.
Esta medida se produce justo después de que el campo de gas de Pars, parte de Irán del campo de gas más grande del mundo que este país comparte con Qatar, fuera atacado. Los medios regionales dicen que Israel lo está haciendo con el consentimiento de Estados Unidos, aunque ninguna de las partes ha asumido oficialmente la responsabilidad.
Irán respondió rápidamente enumerando una serie de objetivos "legales", incluidas las principales instalaciones de petróleo y gas de Arabia Saudita, los EAU y Qatar, y advirtió que continuaría atacando en las próximas horas. Este mensaje puso en alerta a toda la infraestructura energética del Golfo.
La escalada de tensiones está empujando al mercado energético mundial a un estado de inestabilidad sin precedentes. El precio del petróleo Brent ha subido alrededor de un 5%, superando los 108 dólares por barril, mientras que las acciones internacionales han caído al unísono. En Estados Unidos, el precio del gasóleo ha superado los 5 dólares por galón, el nivel más alto desde el shock inflacionario de 2022.
Un factor que agrava la situación es que Irán ha cerrado el Estrecho de Ormuz, una ruta que transporta alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo y gas licuado. Si el conflicto continúa destruyendo la infraestructura de producción, el riesgo de una interrupción del suministro a largo plazo es muy alto.
En Washington, el Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos dijo que el aparato iraní se ha debilitado, pero sigue siendo capaz de llevar a cabo ataques a gran escala contra los intereses de Estados Unidos y sus aliados. Se dice que la administración del presidente Donald Trump está preparando medidas urgentes para frenar el aumento de los precios de la energía.
Por el contrario, la Unión Europea (UE) pide garantizar la seguridad marítima en Ormuz y promover soluciones diplomáticas. Sin embargo, estos esfuerzos están siendo eclipsados por la realidad de la guerra generalizada.
Sobre el terreno, el conflicto no se limita a la región del Golfo. Israel ha lanzado intensos ataques aéreos contra Beirut, destruyendo muchas zonas residenciales. Los ataques contra los líderes iraníes también se han intensificado, con la declaración de Tel Aviv de que "nadie está exento".
Irán respondió con una serie de misiles dirigidos a muchas ciudades israelíes y bases estadounidenses en la región, que se extienden desde Bahrein, Irak hasta Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Las bajas civiles siguen aumentando en ambos bandos, con miles de muertos desde que estallaron los combates a finales de febrero.
En este contexto, los observadores advierten: Cuando las instalaciones energéticas se convierten en objetivos directos, no solo Oriente Medio, sino toda la economía mundial está siendo arrastrada al ojo de la tormenta. Una crisis energética a gran escala ya no es un escenario lejano, sino que ha comenzado a existir.