El 11 de marzo, Farhan al-Fartousi, director general de la Corporación Nacional de Puertos de Irak (GCPI), confirmó que esta orden de suspensión entra en vigor inmediatamente para todos los puertos especializados en petróleo y gas. Mientras tanto, los puertos comerciales que sirven a mercancías esenciales y artículos esenciales todavía pueden seguir operando bajo una estricta supervisión de seguridad.
Esta medida se produce en un contexto en el que las tensiones geopolíticas en la región del Golfo Pérsico alcanzan su punto máximo, amenazando directamente el flujo energético mundial.
Los ataques a petroleros que se han producido en los últimos días han obligado al gobierno de Bagdad a tomar una decisión difícil para proteger la infraestructura nacional y la vida de la tripulación.
Irak es actualmente uno de los mayores exportadores de petróleo crudo del mundo y se prevé que el cierre de los principales puertos de exportación en el sur de este país provoque una fuerte conmoción en los precios mundiales del petróleo, que ya son muy inestables debido a las consecuencias de las guerras en Oriente Medio y Ucrania.
Los analistas señalan que la suspensión de los puertos petroleros por parte de Irak es una señal de que los riesgos de seguridad marítima han salido de control. Esto no solo afecta los ingresos nacionales de Irak, sino que también ejerce una enorme presión sobre los países del G7 y los principales socios consumidores de energía en Asia.
Se están intensificando los esfuerzos diplomáticos para reducir las tensiones, sin embargo, el momento de la reapertura de los puertos petroleros sigue siendo una gran interrogante dependiendo de la situación real.
Mientras que los puertos petroleros y de gas están temporalmente cerrados, el gobierno iraquí se compromete a hacer todo lo posible para mantener las operaciones en los puertos comerciales para garantizar que la cadena de suministro de bienes civiles no se rompa. Esto se considera una solución provisional para estabilizar la psicología del mercado interno en un momento en que el fantasma del conflicto está asediando las arterias energéticas más importantes del mundo.