El 1 de marzo, el ejército israelí confirmó que esta movilización de fuerzas a gran escala es una parte importante de la operación "Leones rugientes", dirigida directamente a Irán.
Esta medida se produce en un contexto en el que la situación de seguridad regional está experimentando fuertes fluctuaciones tras los ataques coordinados entre Israel y la coalición estadounidense, que llevaron a la muerte del Líder Supremo Ali Khamenei.
La movilización de una enorme cantidad de tropas de hasta 100.000 personas muestra que Israel se está preparando para un escenario de conflicto prolongado y potencialmente ampliado.
Según un comunicado de las FDI, estas unidades de reserva se desplegarán para aumentar el nivel de preparación para el combate en muchos frentes simultáneamente, desde el fortalecimiento del sistema de defensa nacional hasta la preparación para las siguientes fases de ataque. Esta se considera la mayor convocatoria militar de Israel en los últimos años, lo que refleja la gravedad de la crisis actual.
Los expertos militares opinan que la operación "La rugida del león" no se limita a los ataques aéreos de largo alcance, sino que está pasando a un estado de preparación para planes de combate más complejos.
El despliegue de 100.000 soldados en estado de alerta muestra que Israel está considerando posibles represalias por parte de Irán, así como de las fuerzas autorizadas en la región.
La presencia de una poderosa fuerza de infantería y logística ayudará a Israel a mantener la presión militar continua y proteger las áreas clave contra las amenazas de ataques desde la frontera.
La drástica acción militar de Israel está haciendo que la comunidad internacional, especialmente las potencias europeas, exprese su profunda preocupación por el riesgo de que estalle una guerra total en Oriente Medio.
El hecho de que tanto Israel como Irán no muestren signos de ceder, combinado con una presencia militar cada vez más densa, está empujando a la región a una espiral de violencia incontrolable.