La congestión de los buques que transportan petróleo crudo y gas licuado (GNL) en el Canal de Panamá está registrando un crecimiento repentino. El flujo de energía global está cambiando su trayectoria debido a los conflictos geopolíticos, llevando a esta estratégica ruta fluvial a un estado de operación cerca de la capacidad máxima.
Las imágenes grabadas en el lugar muestran largas filas de barcos de transporte esperando pasar por los muelles después de recibir mercancías de los puertos del Golfo de Estados Unidos.

Las autoridades del canal confirmaron que el número de barcos que pasan actualmente se mantiene en 36-38 barcos/día, superando con creces las previsiones anteriores. Esta demanda es particularmente fuerte para los barcos que transportan gas licuado (GNL y GLP) para el mercado asiático.
El aumento del caudal es una consecuencia directa de la interrupción del Estrecho de Ormuz, lo que obliga a las unidades de transporte a buscar rutas alternativas más seguras a través del Océano Pacífico para entrar en el Océano Pacífico.
A diferencia de la crisis de 2023-2024, cuando la sequía redujo el nivel del agua y limitó la productividad, la situación actual en Panamá proviene completamente de la presión de la demanda. El suministro de agua se ha estabilizado, pero la gran cantidad de barcos que llegan ha creado un nuevo cuello de botella.
Los datos de análisis muestran que el canal procesa actualmente más del 95% de la producción de GLP exportada por Estados Unidos a la región de Asia, mientras los compradores se esfuerzan por encontrar fuentes de suministro alternativas para Oriente Medio.
El auge de la demanda ha elevado los costos operativos a niveles récord. Para evitar tener que esperar más de 3 días, muchos barcos de transporte de gas han aceptado gastar más de 4 millones de dólares en subastas solo para ganar el derecho de prioridad para cruzar el canal. Para las empresas de transporte, este es un intercambio económico entre pagar tarifas altas y tener que aceptar rutas más arriesgadas y largas a través del cabo Horn o el Canal de Suez.
Este cambio refleja una nueva realidad en el mapa energético mundial. El Canal de Panamá ya no es solo una ruta fluvial comercial ordinaria, sino que se ha convertido en un eslabón clave en la geopolítica energética, donde las cadenas de suministro deben adaptarse continuamente a las fluctuaciones de la guerra y las necesidades del mercado.