El conflicto en Irán está revelando las lagunas en la seguridad energética de la industria de la aviación mundial. La presión aumenta a medida que Estados Unidos comienza a controlar los envíos a través del Estrecho de Ormuz, un cuello de botella que representa el 20% del suministro mundial de petróleo.
Según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), el precio del combustible a reacción (Jet A-1) alcanzó casi los 198 dólares por barril a principios de abril, el doble que antes del estallido del conflicto.
En el sudeste asiático, muchas aerolíneas están revisando toda su red de rutas para preservar los costes. Philippine Airlines anuncia la suspensión de muchas rutas internacionales a la espera de mejoras.
Los mercados más lejanos como Nueva Zelanda y Australia tampoco son una excepción cuando Air New Zealand y Jetstar anunciaron recortes del 4% al 12% en los vuelos, lo que afectó directamente los planes de viaje de miles de pasajeros.
El experto Rajiv Biswas de Asia-Pacific Economics señaló que esta región es particularmente vulnerable debido a la excesiva dependencia de los petroleros de Oriente Medio. Los países más afectados son aquellos que carecen de reservas energéticas estratégicas a largo plazo.
Mientras tanto, los posibles proveedores en Asia están priorizando la demanda interna limitando las exportaciones, lo que agrava la sed de combustible en los países vecinos.
Por el contrario, Japón es un país raro que mantiene la estabilidad gracias a que posee las mayores reservas estratégicas de petróleo del mundo junto con una sólida capacidad de procesamiento de combustible nacional.
Este país opera actualmente un enorme sistema nacional de reservas de petróleo en estaciones como Shibushi y Kamigoto, con la capacidad de mantener la actividad económica durante más de 200 días incluso si el suministro internacional se corta por completo.
Esta preparación permite a las principales aerolíneas japonesas como Japan Airlines (JAL) y All Nippon Airways (ANA) mantener horarios de vuelo estables. Además de las reservas, Japón también posee una fuerte capacidad de refinación in situ, lo que les ayuda a convertir proactivamente las reservas de petróleo crudo en combustible a reacción sin depender de refinerías de petróleo en el extranjero.
Sin embargo, la situación en el sudeste asiático y Australia es alarmante ya que estas regiones importan hasta el 80% del combustible, pero la capacidad de refinación de petróleo nacional es muy limitada.
Para responder, los países están comenzando a inspeccionar rutas de transporte alternativas fuera del Estrecho de Ormuz, aunque la reestructuración de la cadena de suministro podría llevar años.