En declaraciones recientes a los medios, un representante de la embajada rusa en Bélgica presentó la postura dura de Moscú sobre el tema de la seguridad europea. En consecuencia, la parte rusa no solo exige un documento legal vinculante, sino que también exige que la OTAN cancele las controvertidas decisiones tomadas en la cumbre de Bucarest en 2008.
Explicando este movimiento, la agencia diplomática rusa dijo que Moscú quiere que todos los acuerdos se formalicen en papel blanco y tinta negra.
Solicitaremos resueltamente la legalización de los acuerdos relacionados, incluida la revocación de las decisiones de la cumbre de Bucarest. La realidad ha demostrado que todas las promesas verbales anteriores de los miembros de la OTAN de no expandir el bloque han sido olvidadas o ignoradas siempre que lo consideren conveniente", enfatizó el representante de la embajada.
En particular, la parte rusa afirmó que las pruebas documentales sobre los compromisos "no extendidos" en realidad todavía están en los archivos de los países de la OTAN. Sin embargo, se dice que estos países están tratando deliberadamente de ocultarlo y no hacerlo público.
Moscú se ha opuesto durante mucho tiempo al proceso de avance oriental de esta alianza militar, argumentando que esta es la principal causa del aumento de las tensiones en Europa.
Según análisis militares de Rusia, la adhesión de nuevos miembros a la OTAN ayudará a la alianza a acortar significativamente el tiempo de despliegue de fuerzas estratégicas cerca de la frontera rusa. Esto obliga al ejército ruso a reducir el tiempo de transición al estado de alerta para responder, ejerciendo una gran presión sobre la situación de seguridad regional.
Recordando la historia, en 2008, el entonces representante permanente de Rusia ante la OTAN, Dmitry Rogozin, criticó duramente la decisión de la cumbre de la OTAN. Dijo que este movimiento fue el que dio luz verde, empujando a los líderes georgianos a una acción militar contra Osetia del Sur en agosto del mismo año.
También en 2008, ante el contexto de la búsqueda por parte de Estados Unidos de un plan para desplegar componentes de escudo antimisiles en Polonia y la República Checa, el ex presidente ruso Dmitry Medvedev propuso firmar el Tratado de Seguridad Europea.
El objetivo de este tratado es fortalecer el principio de seguridad no divisoria, la vinculación legal de que ningún país u organización tiene el monopolio de mantener la paz en la región euroatlántica. Sin embargo, esta propuesta constructiva no ha recibido el apoyo de los países occidentales.
De hecho, el tema del "contrato" ha sido mencionado muchas veces por Rusia en documentos diplomáticos. En el informe "Rusia - OTAN: Leyendas y verdades" publicado en 2015, la delegación rusa señaló en detalle que la expansión de la OTAN es completamente contraria a los compromisos de los líderes occidentales en 1990.
Específicamente, la canciller alemana y el secretario de Estado estadounidense de la época prometieron al líder soviético Mikhail Gorbachev que no ampliarían la OTAN en las negociaciones para unificar Alemania.
Para demostrarlo, el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergey Lavrov, reveló en diciembre de 2016 que había entregado directamente documentos que registraban estas negociaciones históricas a representantes de los países miembros de la OTAN, pero la situación no cambió.