Las sardinas contienen altos niveles de EPA y DHA, dos formas de omega-3 bioactivas fácilmente absorbibles. Los estudios demuestran que el EPA y el DHA están relacionados con la capacidad de reducir los triglicéridos en sangre, apoyar la circulación y reducir el riesgo de inflamación crónica.
Otro punto destacado de las sardinas es el alto contenido de calcio, especialmente cuando se comen huesos blandos en pescado enlatado o pescado cocido hasta que esté blando.
Según datos del Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA), las sardinas enlatadas enteras pueden proporcionar una cantidad significativa de calcio al cuerpo. Esto ayuda a que las sardinas se conviertan en una opción adecuada para personas mayores, mujeres posmenopáusicas o niños que necesitan suplementos de calcio para el sistema óseo.
Las sardinas no solo son ricas en calcio, sino que también contienen vitamina D, un nutriente importante que ayuda al cuerpo a absorber el calcio de manera más eficaz. Según los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE. UU., la vitamina D juega un papel importante en la salud ósea, la inmunidad y la función muscular.
La combinación natural de calcio y vitamina D en las sardinas hace que el valor nutricional de este pescado sea más destacado que muchos otros alimentos.
Estudios recientes también muestran que el omega-3 en los peces grasos está relacionado con la salud cerebral y nerviosa. Una revisión científica publicada en Frontiers in Nutrition muestra que una dieta rica en omega-3 puede contribuir a apoyar la función cognitiva y reducir las respuestas inflamatorias.
Además de su valor nutricional, las sardinas también son muy apreciadas por ser fáciles de procesar. Este tipo de pescado se puede usar para estofar tomates, asar a la parrilla, salsa de aceite de oliva, cocinar sopa o hacer ensaladas. Las sardinas enlatadas también son un alimento conveniente, que ayuda a muchas familias a complementar el omega-3 sin perder mucho tiempo cocinando.
Sin embargo, los expertos en nutrición también dan algunas notas al comer sardinas con regularidad. Con las sardinas enlatadas, la cantidad de sodio puede ser bastante alta debido al proceso de conservación.
Comer demasiados alimentos enlatados ricos en sal puede aumentar el riesgo de hipertensión o retención de líquidos en personas sensibles. Por lo tanto, se deben priorizar los productos bajos en sal o equilibrar la dieta diaria.
Se debe pescar alrededor de 2 veces por semana en lugar de comer en exceso continuamente.
Además, es necesario prestar atención a la forma de cocinar. Las sardinas fritas en abundante aceite o combinadas con demasiada sal, salsas industriales pueden reducir los beneficios nutricionales inherentes. Cocinar al vapor, estofar ligeramente o salsa de tomate baja en sal suele considerarse una opción más adecuada.