Según Cleveland Clinic, la lechuga contiene muchos antioxidantes como la luteína, el betacaroteno y las antocianinas, que ayudan a reducir el estrés oxidativo, una causa relacionada con el envejecimiento, las enfermedades cardiovasculares y las enfermedades crónicas.
Los expertos en nutrición dicen que la lechuga también es rica en vitamina K, folato y agua, que apoyan huesos fuertes, aumentan la sensación de saciedad y ayudan a controlar el peso.
Comer ensalada antes de las comidas principales puede ayudar a reducir la ingesta de calorías durante toda la comida, apoyando el mantenimiento de un peso saludable. Esta es la razón por la que la lechuga suele aparecer en el menú de las personas que hacen dieta o controlan el azúcar en sangre.
Sin embargo, los beneficios nutricionales no significan que la lechuga sea completamente segura. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que los alimentos frescos, especialmente las verduras crudas, pueden portar bacterias, parásitos o productos químicos patógenos si no se tratan correctamente.
La OMS enfatiza que la seguridad alimentaria es una responsabilidad "de la granja a la mesa", en la que los consumidores juegan un papel importante en la conservación y el procesamiento.
Según Health Canada, la lechuga puede estar contaminada por bacterias del suelo, el agua de riego, los fertilizantes no tratados o durante el transporte y almacenamiento. Por lo tanto, el primer consejo para las personas que suelen comer lechuga es elegir verduras muy frescas, hojas crujientes, sin magulladuras ni signos de viscosidad, marchitez amarilla.
La lechuga debe guardarse en el refrigerador y usarse temprano después de comprarla. Para la lechuga cortada o las ensaladas preenvasadas, mantenerla fría es aún más importante porque las bacterias pueden crecer más rápido en la superficie de las hojas cortadas.
Algunas discusiones de la comunidad de seguridad alimentaria en Reddit también señalan que las verduras enteras suelen ser más seguras que las precortadas en términos de riesgo de infección.
Los consumidores también deben evitar remojar la lechuga durante demasiado tiempo en agua salada espesa o productos químicos de limpieza porque puede provocar la pérdida de vitaminas y afectar la calidad de las verduras.
La mejor manera es lavar cada hoja bajo el grifo con agua corriente, dejar que se escurra con un paño limpio o una herramienta especializada para asar verduras para limitar el exceso de humedad, un ambiente favorable para el crecimiento de bacterias.