Ante la preocupación por un posible ataque tras la guerra de Ucrania, la OTAN está planeando urgentemente ampliar la red de oleoductos subterráneos en 10.000 km a través de Europa del Este.
Esta red de tuberías fue construida durante la Guerra Fría para servir al escenario de un conflicto armado a gran escala. Sin embargo, la mayor parte del sistema se encuentra actualmente solo al oeste de la frontera alemana. En el contexto de las crecientes tensiones en Irán que amenazan con causar escasez de combustible global, Polonia y Rumania han exigido enérgicamente que esta red se dirija al este.
El sistema de suministro de la OTAN no son solo simples tuberías; conecta directamente bases militares, aeropuertos estratégicos con refinerías de petróleo y sistemas de almacenamiento civil. Esto asegura la capacidad de suministro de combustible instantáneo para la fuerza aérea y los cuerpos blindados en situaciones inesperadas.
Según fuentes de Bloomberg, se estima que este gigantesco proyecto costará alrededor de 22.300 millones de dólares y tardará 25 años en completarse por completo. Para hacer frente a los desafíos financieros y los procedimientos legales, se espera que la alianza se centre en 2 ramas prioritarias de alta aplicabilidad.
El primero es expandir el sistema de Europa Central a Polonia con un presupuesto de 5,8 mil millones de dólares. La segunda rama conecta Grecia, Bulgaria y Rumania con un costo de alrededor de 6,4 mil millones de dólares. Se espera que el plan detallado se anuncie oficialmente en la próxima Cumbre de Ankara.
Este proyecto utilizará el presupuesto común de la alianza y movilizará más capital permitiendo a las empresas alquilar capacidad de reserva para el transporte comercial de petróleo. Sin embargo, el mayor desafío sigue siendo el consenso de todos los miembros, especialmente Estados Unidos, el país que más dinero tiene en el bloque.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, enfatizó que las naciones de contrapeso están construyendo una capacidad militar a la velocidad del rayo. El fortalecimiento del "vaso sanguíneo" de petróleo en el flanco oriental no es simplemente un problema logístico, sino que se ha convertido en una herramienta de disuasión estratégica, protegiendo la supervivencia de la alianza ante el riesgo de un conflicto que se extienda más allá de las fronteras de Ucrania en los próximos 5 años.