Según el sitio de salud Everyday Health, investigadores de la Universidad de Fudan (China) acaban de descubrir algunos hábitos alimenticios aparentemente inofensivos que pueden afectar los índices de grasa en sangre con el tiempo.
El estudio publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition siguió a más de 30.000 adultos durante 4 años. Los participantes fueron evaluados en cuanto a hábitos de desayuno, hora de cena y índices de grasa en sangre periódicos.
Los resultados mostraron que las personas que saltaron regularmente el desayuno y cenaron tarde tendían a aumentar el colesterol LDL (colesterol malo) más que las personas que mantuvieron horarios de comida regulares.
Al mismo tiempo, este grupo también registró niveles elevados de triglicéridos, una forma de grasa en la sangre, mientras que el colesterol HDL (colesterol "bueno") tiende a disminuir con el tiempo. Todos estos son cambios que no son beneficiosos para la salud cardiovascular.
Los investigadores encontraron este impacto más evidente en mujeres, personas con sobrepeso, obesidad y personas que son poco activas.
Según los expertos, los resultados anteriores pueden estar relacionados con la "nutrición al ritmo biológico", un campo de investigación sobre el impacto del tiempo de alimentación en la salud.
El cuerpo humano funciona según el reloj biológico natural. La mañana es el momento en que la capacidad de usar insulina y metabolizar la energía funciona de manera más eficiente. Al saltarse el desayuno, el cuerpo puede alterar el ritmo circadiano, lo que afecta el proceso de metabolismo de las grasas y el azúcar.
Mientras tanto, cenar demasiado tarde hace que el cuerpo tenga que procesar los alimentos en un momento en que la capacidad de metabolizar la energía ha disminuido. Algunos estudios anteriores también han demostrado que comer tarde está relacionado con el riesgo de obesidad, síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares.
Los expertos señalan que cenar tarde de vez en cuando o saltarse el desayuno no es una causa directa de la enfermedad. Sin embargo, cuando estos hábitos duran muchos años, pueden contribuir a deteriorar los índices de grasa en sangre y aumentar el riesgo cardiovascular.
Para apoyar la salud cardiovascular, los expertos recomiendan desayunar regularmente durante unas horas después de despertarse, limitar comer durante 2-3 horas antes de acostarse e intentar mantener una hora de comida estable todos los días.
Además, una dieta rica en verduras, frutas, cereales integrales, pescado y nueces, combinada con ejercicio regular, siguen siendo factores importantes para ayudar a controlar el colesterol y proteger la salud a largo plazo.